Bicéfalo
2005-2007
martes, junio 23, 2009
Introducción a Bicéfalo
miércoles, agosto 08, 2007
lxxviii
miércoles, marzo 22, 2006
lxxvii
Revisado el jueves 26 de julio de 2007
lunes, enero 30, 2006
lxxvi
Anotación marginal número dos:
Mi abuelo tomó una fotografía en la que aparezco yo, sentado en el sillón de la casa paterna. Tengo menos de tres años. Están ahí el destello angular de la cristalería, los muebles oscuros y enormes, un amplio ventanal cubierto cubierto por las cortinas de terciopelo rojo.
Anotación marginal número tres:
Le toma una fotografía. Ella está desnuda.
miércoles, enero 25, 2006
lxxv
para ser leído tres
veces por ti, por su boca,
juntos, en un lecho.
i
Una canción compuse
a la mujer del templo, pero ella no lo sabe.
A ti, Elis, que peinas tus cabellos silvestres,
así, sin escucharme.
ii
¿Vendrás aquella tarde cuando estuvimos juntos?
Es preciso que lleves por aroma el jacinto,
que no olvides el peso de tu amante,
ni aquella vez, cuando tu risa fue para otro.
Sólo así podrán tenerte mis brazos.
iii
¿Hay un dios, mujer, anterior a todos los dioses?
¿Por qué insistes, por qué, en mirar hacia el Oeste?
Tal es, mujer, tu Templo,
tu dios único y templo.
sábado, enero 21, 2006
lxxiv
12/04/06
tú me habías invitado a pasar unos días en un lugar que nunca se definió en el sueño, pero se sabía que el mar estaba cerca y que hacía tanto calor que la ropa era insoportable. Yo llegaba en la noche a tu departamento, era pequeño, me recordaba los cuartos del barco en el que viajé hace tiempo. Tenía una alfombra café, una pequeña mesa de comedor redonda con cuatro sillas tapizadas de color café, una sala blanca, muy cuadrada; dos recámaras y un baño que podían verse desde la entrada. Todo estaba a desnivel, había escalones en la entrada para bajar al comedor y otros en la sala. Tenía unas cortinas blancas que cubrían el enorme ventanal que estaba en la sala. Olía a vainilla. Llegaba desnuda, sólo con calzones blancos. Tú estabas completamente desnudo y contigo estaba la Hibakusha, vestida igual que yo, sólo con unos calzones blancos. Nos saludábamos con pocos ánimos, tú buscabas unas copas en un mueble que había en el comedor, estabas agachado y casi no volteabas a verme. Me dijiste que si quería vestirme podía tomar una playera de tu armario; fui a buscarla y tomé una enorme que tenía en la parte trasera un letrero de una marca de carros. Me senté con ustedes en la sala, tú y ella seguían desnudos. Decidí ponerme la playera porque me había dado cuenta que al llegar a ese lugar el vientre me crecía y me crecía. La J. tenía una cara de ratón mojado y unos movimientos de gallina que me hacían aguantar la risa. Con el transcurso del sueño su figura se fue suavizando. Tú y yo permanecíamos platicando en la sala, tomando un vino. Ella se iba y regresaba vestida, cada vez con un diferente atuendo. La primera vez regresó con un vestido naranja, floreado, que dejaba su espalda descubierta y se ataba por detrás del cuello, no era tan corto, le llegaba un poco debajo de las rodillas. En ese momento sus facciones y sus movimientos cambiaron. Se veía guapísima. Tú preparabas un arroz rojo con unos spaghettis enrollados que le daba forma de conos y nos los servías en platos grandes. Yo jugaba un poco con el tenedor, tratando de quitarle el spaghetti. Todos hacíamos lo mismo y nadie se lo comía. La J. volvía de nuevo con un pantalón de vestir azul marino y una camisa blanca con rayas del mismo azul. Se veía elegante, esta vez la veía más como la he visto en las fotos. No recuerdo de qué platicábamos tú y yo, sólo recuerdo lo que ella decía cuando regresaba con el nuevo atuendo. La primera vez me hacía muchas preguntas sobre mi vida; la segunda vez hablaba fuerte, como queriendo llamar la atención y decía que tenía que salir a trabajar. Ella te amenazaba con hacer algo, no recuerdo bien qué, y tú y yo terminábamos persiguiéndola por unas oficinas, subiendo y bajando escaleras, ahí ya estábamos vestidos. De pronto estábamos otra vez en el departamento, ella con el vestido naranja, secándose los pies sentada en el sillón, con el cabello mojado. Me platicaba sobre una película que yo había visto ya en el sueño. Una escena de la película era aquella en la que los dos aparecíamos subiendo unas escaleras persiguiéndola, la alcanzábamos en el siguiente piso. Cuando salía del elevador, ella se topaba con Salma Hayek y se besaban (¡qué cosa!). Después las escenas se mezclaban con las de otra película mexicana, (“La última mirada”), hasta entonces ella me decía que la película era una obra maestra, pero cuando todo concluyó en que se trataba de ésta, me reí (porque es una película malísima) y traté de escapar de la conversación. De pronto apareció en la escena del sueño Jorge, un conocido que parecía haberse metido en el cuerpo de uno de mis amigos, Leonardo. Estaba sentado en una silla dándonos la espalda. Catalina preguntaba “¿qué quieren hacer en la noche? Podemos ir a ver la película de la que les he hablado; en la plaza habrá títeres, se presenta la Cooperacha, o prefieren ir a ver al Rey León”. Yo me reía y le decía “la Cooperacha es malísima, daría lo mismo ir a ver al Rey León y la película, prefiero ir a caminar por la playa”. Jorge volteaba y gritaba “¡cómo puedes decir que la Cooperacha es mala, no puedes perderte las aventuras del Capitán Gazpacho”. Tú nos observabas y reías tranquilamente. Me levanté y fui al baño, en el piso estaba pegada la foto que pusiste en tu blog, y otra mostrando los genitales de la J.
En ese momento desperté, en el transcurso del sueño parecía que hacía anotaciones paralelas, nunca me había visto de esa manera en un sueño, tan de fuera. Hice lo mismo que en el sueño, me levanté y fui al baño, cuando regresé no pude evitar observarme desnuda en el espejo para ver de qué tamaño era mi vientre, Estuve pensando, al mismo tiempo que el sueño volvía a tener conexión. Estaba en una sala de exposición, ante unos cuadros grandes con técnica mixta: agua fuerte, pastel y montajes. Alguien me decía en ese momento que era una exposición tuya. En el primer cuadro, que al mismo tiempo era el último, pero yo lo había tomado como el primero, había un mensaje para mí en letras pequeñas en la parte inferior, decía : “esta imagen es para ti”, arriba de la frase había un rectángulo en el que aparecía con letras de diferentes colores la palabra “MARINA”, todo consistía en una ilusión óptica, tenía que mirar fijamente la imagen para que después este se convirtiera en una imagen gigante que multiplicaba la imagen principal del cuadro, me es un poco difícil describirla. Esa imagen sólo podía verla yo. Los demás cuadros eran similares, pero en medio de todos había un gráfico al que le ponía poca importancia, hasta que de pronto alguien me daba unos lentes con gran aumento que me permitían verlo más claro. Me gustaría dibujártelo, explicaba ciertos aspectos de los recursos empleados en el sadomasoquismo, había palabras muy extrañas cuya morfología referían a la forma de los genitales. Había algo muy chistoso: decía que antes de chupar un pene había que extraer el líquido salino que tenía, porque la lengua retenía las sales y los líquidos y podría quedar muy inflada; también había otra advertencia en el uso de la caca, y explicabas gráficamente que por ningún motivo se podía guardar la caca de un día para utilizarla al día siguiente porque su estado podría ser terrible, y a un lado dibujabas una caca con pelos. Tal vez eso fue lo único que pude entender, lo demás era muy extraño, parecía que estaba tan científicamente expuesto, todo sobre un fondo azul cielo; los gráficos eran negros y algunas líneas de un azul más fuerte.
Mi sueño continuaba alejado de todo lo anterior, después me encontraba en una fiesta con todos mis amigos de la prepa, robábamos un taxi para llegar a tiempo a una feria. Yo seguía pensando en el gráfico y en el significado de las palabras. Después todo estaba mezclado, estaba en la sala de una casa vieja que ahora ya no existe y que siempre sueño, en donde pasé mucho tiempo en mi infancia. Observaba fotografías de la dueña de la casa, que tampoco existe ya.
Fue chistosa la recreación en mi sueño de la J. Se le notaban los ojos azules y el cuerpo redondo, así fue como la vi, redondita.
Antier soñé que el mismo muñeco de siempre me mataba, al otro día mi madre me dijo que ya lo había tirado, sentí miedo.
jueves, enero 12, 2006
lxxiii
Se marchitan los frutos,
No tengo que decírtelo.
Poco tiempo nos queda
Si vuelve todo en calma,
Si tus pies van tocados de una gracia terrible;
Si adelantas los pasos
Sin por qué, no sé a dónde.
sábado, enero 07, 2006
lxxii
Hay mucho de engaño en estas líneas, un tono de voz que se finge, una sensibilidad. He cambiado, terriblemente, tanto que no me reconocerías, tanto que no me has reconocido.
lunes, enero 02, 2006
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domingo, diciembre 18, 2005
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Una vestía de verde, la otra de negro. Las dos llevaban el cabello suelto. La de negro pide café, la de verde pide agua. Una fuma, la otra también. Viviré mucho, me dice la de negro después de leer mi mano. La otra se hace pasar por hombre. Una de ellas me gusta demasiado. A una le regalo un libro de Jorge Volpi, a la otra le regalo uno de Boris Vian. La una mueve a la compasión, la otra a la violencia.
martes, diciembre 13, 2005
lxix
sábado, diciembre 10, 2005
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martes, diciembre 06, 2005
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sábado, diciembre 03, 2005
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Escena primera:
Escena Segunda:
En el estudio del padre, en aquella habitación llena de libros, marcada por el escritorio de madera oscura, el hombre seduce a su esposa. La escena es en blanco y negro. Cine mudo, sin música de fondo. El hombre intenta seducir a la mujer que se resiste sin oponer ningún tipo de resistencia. años treinta o cuarenta. Así visten los personajes: él con un traje oscuro, ella con un vestido pálido y largo. La descripción ha sido bastante general y pobre. Ella es seducida por su esposo, que termina por tratarla pertinentemente: de manera brusca, anteponiendo su deseo y siempre su propio deseo. La mujer es tomada sobre el escritorio, con la ropa puesta. Sobresalto. Alguien entra a la habitación. Los espectadores no podemos saber quien (la cámara sigue enfocando a los padres, que recomponen sus vestidos). Es el hijo. Los ha escuchado. Los padres intentan, desesperadamente, inventar alguna excusa. La madre le dice al hijo que practica su latín, que el padre la corrije y le enseña. Parodia. La madre se envuelve en una cortina blanca, a modo de toga: empieza a recitar versos latinos, probablemente de Virgilio. La madre exagera cada gesto como es propio hacerlo cuando se declama una poesía clásica. El padre es complice y comparsa: también recita, también exagera los movimientos; toma a la madre por la cintura y la levanta del suelo; ella extiende los brazos como si volara, sigue recitando a Virgilio. El hijo acusa, señala con el dedo.
martes, noviembre 29, 2005
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Primer escena: Me ha dicho que ha comprado un collar y una correa de perro. Que en aquel hotel, a solas, se ha amarrado los senos con un nudo en forma de ocho; que ha pasado la cuerda por su entrepierna; que ha atado la misma por detrás, como ha podido. Que ha atado la correa a la ventana, que se ha introducido un envase de desodorante y algo más en los dos orificios. Que la cuerda impedía que salieran. Que ha terminado en un "orgasmo largo e intenso" (sic). Que aquello no le basta. Que quiere ser, según sus propias palabras, "una gran puta". ¿Para qué? Para satisfacer a diario a su pareja -esa que no tiene-; para saber cómo. Me pregunta si yo estaría dispuesto; me dice, también, que ella está segura de que aprendería mucho conmigo, a pesar de mi edad. Yo digo que sí, que tal vez. No dejo de reír. Me veo repitiendo las escenas que he venido leyendo, alguna escena que me resulte familiar por haber estado antes ahí, de otro modo, con otro rostro distinto al suyo. No dejo de reír, río por desgano. ¿No le parecería a usted bastante aburrido? También me dice que quiere ir al cine, que hace seis años que no va. Escena intermedia (poco probable): Imagino a dos en una habitación austera, sin muebles. El uno amarra al segundo, le golpea hasta cansarse. Nada de sexo. El uno dispone del segundo para aquel procedimiento maquinal, programático, para eso inconfesable; para eso que tantas veces ha dicho: no me atrevería. Última escena, la menos probable: Una pareja compra los boletos para la función de las cinco. Ella le confiesa que hace seis años que no ve una película en el cine. Ríen como dos tontos con los malentendidos románticos de Jeniifer Aniston. |
domingo, noviembre 27, 2005
lv
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Francesca
You came in out of the night
And there were flowers in your hands,
Now you will come out of a confusion of people,
Out of a turmoil of speech about you.
I who have seen you amid the primal things
Was angry when they spoke your name
In ordinary places.
I would that the cool waves might flow over my mind,
And that the world should dry as a dead leaf,
Or as a dandelion seed-pod and be swept away,
So that I might find you again,
Alone.
lxiii
en el templo, su templo.
Llevará porque sí
la embriaguez en el cuerpo,
los miembros desbastados
llevará porque sí.
Del peso de su cuerpo
se sabrá la dulzura,
el goce en cada giro.
Entrará cada tarde
en el templo, su Templo.
A la diosa bifronte
pedirá porque sí.
La plegaria olvidada,
sin saber el motivo.
sábado, noviembre 26, 2005
lxii
Me dice que le ha puesto por nombre Ameana, que tiene que matarla, que es necesario hacerlo.
lunes, noviembre 21, 2005
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Todo bien, el masoquismo alimentado como se debe, regularmente y sin remilgos, sin preguntarse por qué. Mecanismo que, sin advertirlo del todo, sin advertir sus alcances, se ha instalado de manera definitiva -o eso parece-. Hay ahí cierto riesgo, que el mecanismo, aquel de las pulsiones sadomasoquistas, se disloque sin posibilidad de ajustes, sin la posibilidad de enmendar los giros imprevistos que provoque. El cómo, las prevenciones respecto a, no pueden ser sino el fruto de una reflexión sobre el mecanismo mismo y sus engranes, no puede ser sino una pregunta por el por qué. Que dicha reflexión retroalimente es ya un supuesto optimista. Generalmente el por qué termina por instalarse a modo de justificación o explicación a contentillo; termina por ser el fruto de un proceso tibio e inconsistente. Cierto temor se instala: el mecanismo terminará por ganar cierto fuero, cierta autonomía; terminará por ejercer a pesar de las prevenciones, a pesar de los cuidados. Lo supongo instalado, fuera de todo control posible. Llegará el ya no me importa, la indiferencia. La semilla está ahí, crece, lo devora todo, las raíces. |
Enviado: 08/06/2005 02:22 p.m.
martes, noviembre 15, 2005
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sábado, noviembre 12, 2005
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Desatino. Siempre he intentado el giro de lo uno a lo otro; eso, me he resistido a reír, a cagarme de risa, a darme de palos como se los dan al perro que husmea la carnicería, la mesa donde come la familia; sigo contando la misma historia de cuando todo era tan bueno,; la cuento sin creer en la historia, sí en el efecto que provoca en el que escucha, en el que sonríe y dice para sí: qué buen tipo el Francisco, pobre diablo, ¡pero si hasta dan ganas de acariciarle el lomo!.
A ese animal desnudo es a lo primero que renuncio; es, también, lo primero que procuro. Falso movimiento.
viernes, noviembre 11, 2005
lviii
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Camina en la terraza,
los frutos, los consume lentamente.
ahora que la lluvia y aquel árbol cede
ante lo oscuro, y nada más se escucha.
ó
Hay la mujer, aquella,
ante las oscuras aguas del río.
miércoles, noviembre 09, 2005
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¿Qué hay detrás de la enunciación -gozosa, por qué no- de la intimidad? Algo debe de haber más allá de la simple exhibición, del recuento egotista del Yo y sus pequeñas miserias (esas que tenemos por recuento épico, primero, imperativo, y sobre el cual volvemos siempre para decir: este soy yo, esto lo que me acompaña) ¿La exhibición como parte de un juego de seducción?, ¿la simple exhibición lasciva, obscena, grosera, como un fin en sí mismo?, ¿la exhibición como una suerte de introspección enfermiza, “onanista”?, ¿la exhibición como pornografía del otro, como radicalización y empobrecimiento del deseo? (...) Note usted que he escrito “empobrecimiento del deseo”, y no su contraparte, que resulta más obvia: “posibilidad, desdoblamiento del deseo hacia el otro”. Ya sé, no me digas. Hay todo de torpeza al escribirte. Háblame del auto flagelo, del tuyo. Yo le hablaré del mío, a su tiempo. No te importe, yo pagaré el precio, puntualmente, si es que lo hay. Tal vez no exijas nada del voyeur, tal vez sólo te abandones a la mirada del otro sin pedirle ni la cuarta parte. Yo exijo un poco de atención, sabelo. Eso, hablado está: "haya comercio entre nosotros".
lunes, noviembre 07, 2005
lv
liv
Bailamos, debí decírtelo.
domingo, noviembre 06, 2005
liii

Atardece.
Eso y poco
salvo la plaza, el árbol, los árboles.
Es la tarde, mujer, religiosamente,
y en cada voz se escuchan
otras voces.
Sonreímos.
¿Por qué no enlazamos las manos?
Te pregunto.
Todo sin respuesta.
Seguimos dando de tumbos
como dos muertos que el mar devuelve
al mismo lugar, a la misma orilla,
en tiempos distintos.
Poco importa que todo sea sin respuesta.
El sol en el costado.
Intento no llorar
frente a ti como un niño.
Todo en vano.
Sonríes.
¿Por qué no enlazamos las manos?
Te pregunto.
jueves, noviembre 03, 2005
lii
domingo, octubre 30, 2005
li
k_l_i_n_g_z_o_r Sin conexión Enviar correo
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El tigre, el blanco caballo desbocado, una bestezuela que ríe. Eso más lo que repite la misma imagen, el mismo acomodo, salvo algunos detalles sintácticos, salvo los ablativos absolutos, y el hocico abierto: Dominique Swain, tu doble, y sus blancas piernas, sus pies al aire, la boca que devora mi boca, metidos como estamos en aquel baño, en aquel bar donde los vodkas y el ansia terrible de fingir que se puede y se debe morir por el cuerpo amado. Importa que sea todo sin retorno, todo azar relumbrando, todo aquello, lo distinto, claro está, salvo lo que no se dice: el giro del tiovivo, los versos de Valante, y los pies descalzos, el giro tras el giro, sobre la tiery los pies vulgarmente descalzos, y los pies descalzos sobre los mosaicos oscuros.
sábado, octubre 29, 2005
l
sábado, octubre 08, 2005
il
La entrada original trataba el asunto del color de mi ano. El texto era, evidentemente, una provocación. Me gustaba imaginar, en ese entonces, que una mujer me penetraba con un strap on. En el texto me preguntaba cuál sería la reacción de dicha mujer al abrir mis nalgas, al encontrar esa tonalidad absurda y ridícula por mero contraste con el resto del cuerpo. Fuera de eso, el texto era, como bien ha apuntado Luciernaga en los comentarios, un "aviso de ocasión".
Cabe decir que, una vez feminizado (vestido y pintarrajeado como una mujer), el asunto planteado en el texto poco importó. La J., con el strap on puesto, se dedicó a follarme de lo lindo. Ahora sé por qué a las mujeres les gusta tanto que las penetren con violencia, por qué les gusta saberse lo que llaman puta.
Sí, grité como una puerca. Sí, también esto es una especie de provocación, pero una provocación unívoca, cabeza a cabeza, entre Francisco y Francisco.
domingo, octubre 02, 2005
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El destajo, las partes
del animal, sus entrañas por tierra,
la violencia del coito.
Acaricia el aroma
de mi sexo y el tuyo,
el muslo derecho, la quemadura.
Tal es, mujer, tu templo
-la muerte, la risa, ella bailando-,
tu dios único y Templo.
xxxviii
martes, septiembre 20, 2005
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domingo, septiembre 18, 2005
xxxvi
jueves, septiembre 15, 2005
xxxiv
Veo la fotografía que me has enviado. Recuerdo a Radha Mitchell en High Art (film de Lisa Cholodenko). La protagonista es retratada al amanecer por su amante, Ally Sheedy, en una habitación llena de luz. La cámara insiste en las sábanas blancas, en la curva de la cintura, en el contorno, en la blancura de un cuerpo y su acomodo, en aquello que llamamos sonrisa. Curiosamente no pienso en aquel amanecer, en el nombre propio del que te fotografía, en el cómo ni en el por qué. En vez de eso miro tu cuello, tus labios, la disposición de la mirada, el cabello tan largo y negro cayendo hacia el costado. Pienso en el acomodo de los cuerpos, no sólo del tuyo. Cada día me sorprendo con la mirada fija en un tobillo, en el pliegue de una falda, en el vuelo de unas manos que se agitan, en el aroma que va dejando una colegiala por la mañana, caminando con prisa, cuidadosamente peinada. La mañana trae siempre ese destello sobre las cosas, las mismas que siguen cayendo en sí mismas, conservando el letargo, el afán de la espera. Cada día el destello, el aroma que logra escapar al disimulo. En una escena, Lucy Berliner fotografía a Greta, su amante alemana. Estoy cansado, ******, eso es todo. Uno camina cada mañana, aspirando un cigarrillo, sin poder mirar fijamente. Se descubre mirando un tobillo, el pliegue que ciertamente tienen las prendas, el giro de unas manos y el peso que adelantan en el aire. Uno se descubre por costumbre, me digo. Me asaltan, a veces, imágenes de una violencia mayor, las mismas que ceden ante el deseo y su elaboración tan pobre, programática, llena de lugares comunes. A veces todo aquello es lo mismo. La violencia desemboca en aquel afluente oscuro como imitando la dicha. A veces la violencia es lo mismo.
miércoles, septiembre 14, 2005
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5. Hacerse indispensable. No hace sagrada la imagen el que la pinta y adorna, sino el que la adora. El sagaz prefiere los que le necesitan a los que dan las gracias. La esperanza cortés tiene buena memoria, pero el agradecimiento vulgar es olvidadizo y es un error confiar en él.
13. Obrar con intención, con primera y con segunda intención. La vida del hombre es milicia contra la malicia del hombre: la sagacidad pelea con estratagemas de mala intención. Nunca hace lo que indica: apunta, si, para despistar; se insinúa con destreza y disimulo; y actúa en la inesperada realidad, atenta siempre a confundir. Deja caer una intención para tranquilizar la atención ajena, y gira inmediatamente contra ella, venciendo por lo impensado.
17. Variar de estilo al actuar. No obrar siempre igual. Así se confunde a los demás, especialmente si son competidores. No hay que obrar siempre de primera intención, pues nos captarán la rutina y se anticiparán y frustrarán las acciones. Tampoco hay que actuar siempre de segunda intención, pues entenderán la treta cuando se repita.
26. Encontrar el punto débil de cada uno. Este es el arte de mover las voluntades. Es más una destreza que determinación. Es saber por dónde se ha de entrar a cada uno. Primero hay que conocer el carácter, después tocar el punto débil, insistir en él, pues infaliblemente se quedará sin voluntad.
37. Conocer las insinuaciones y saber usarlas. Es el punto más sutil del trato humano. Se usan para probar los ánimos y, de la manera más disimulada y penetrante, el corazón.
77. Saber adaptarse a todos. Es el gran arte de ganar a todos, porque la semejanza atrae la simpatía. Observar los caracteres y ajustarse al de cada uno. Al serio y al jovial seguirles la corriente, transformándose cortésmente. Es necesario para los que dependen de otros. Esta gran destreza para vivir necesita una gran capacidad.
95. Saber mantener la expectación: alimentarla siempre. Hay que prometer más y mucho. La mejor acción debe ser hacer un envite de gran cantidad. No se tiene que echar todo el resto en la primera buena jugada. Es una gran treta saber moderarse en las fuerzas, en el saber, e ir adelantando el triunfo.
101. La mitad del mundo se está riendo de la otra mitad, y ambas son necias. Según las opiniones, o todo es bueno o todo es malo. Lo que uno sigue el otro lo persigue. Es un necio insufrible el que quiere regularlo todo según su criterio. Las perfecciones no dependen de una sola opinión: los gustos son tantos como los rostros, e igualmente variados. No hay defecto sin afecto. No se debe desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, pues no faltarán otros que las aprecien. Ni enorgullezca el aplauso de éstos, pues otros lo condenarán. La norma de la verdadera satisfacción es la aprobación de los hombres de reputación y que tienen voz y voto en esas materias. No se vive de un solo criterio, ni de una costumbre, ni de un siglo.
viernes, septiembre 09, 2005
xxxi
jueves, septiembre 08, 2005
xxx
And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.
miércoles, septiembre 07, 2005
xxix
lunes, septiembre 05, 2005
xxviii
domingo, septiembre 04, 2005
xxvii
Siempre que los hombres han deseado ser mujeres, han deseado -esencialmente- ser putas.
Tú te reíste entonces y echaste a correr mientras las olas te tocaban los pies. ¿Cómo era posible todo esto si nunca habíamos salido de aquel cuarto y aquel cuarto pertencía a una casa y esa casa estaba situada en una calle, conocida y precisable, de una ciudad de tierra adentro? ¿Quién eres, pues, que así te presentas hecha toda de sombras a pesar de tu traje blanco de enfermera?
COLOFÓN
sábado, septiembre 03, 2005
xxvi
jueves, septiembre 01, 2005
xxv
miércoles, agosto 31, 2005
xxiv
martes, agosto 30, 2005
xxiii
jueves, agosto 25, 2005
xxii
Se dice, por ejemplo, que Campoy murió de gangrena, con la ingle inflamada por humores corrompidos. Yo digo que es una atroz coincidencia, insisto en no abandonarme a los presagios.
miércoles, agosto 24, 2005
xxi
xx
habiendo atado su cabello al mío,
se ofrece en la penumbra?
¿Qué agridulce, qué aroma
es este que sube desde el hocico
de un animal cualquiera?
Par a par yugulando,
matarife cualquiera pues no importa.
Chillamos, beberemos
con cierto regocijo sobre un lecho:
leche, miel, amapola.
Los mismos que un día tejieron nuestros
cabellos, mujer, han de desatarlos.
sábado, agosto 20, 2005
xix
----- Original Message -----From: **** To: "francisco guillen" Subject: RE: SaludosDate: Thu, 18 Aug 2005 10:04:07 -0500
Saludos, te escribo nada más para decirte que vivimos una época muy propicia para el disfrute de los sentidos. No, no me voy a poner a hacer un discurso ético. Quiero decir que está muy bien que las chicas usen pantalon acaderado. Pues así es posible verles los calzones, o la tanga de hilo dental, o tipo brasileño cuando se sientan y se les baja el pantalón hasta las nalgas. Pocas chicas no usan calzones, pero me ha tocado ver algunas que, efectivamente, no usan calzones. Solamente se ponen el pantalón. Y fijate que cada vez es más notorio que las chicas más jóvenes usen esa vestimenta. Cierto día vi a una niña, como de 13 años, platicando con otra, y cuando ví bien, me di cuenta que debajo del pantalón acaderado y de tela muy delgada, muy transparente, traía una tanga que terminaba en corte brasileño. Otro día ví a otra niña que no tenía aún los catorce y traía una falda de mezclilla que también era de corte a la cadera. Esa falda se baja y deba ver el borde superior de los calzones. O en otra ocasión, en la que ví a una chica sentada en las escaleras de la catedral, y aunque traía pantalón, por detras se le notaba la tanga de hilo dental, pues el pantalón se baja hasta las nalgas y deja ver muy bien todo el panorama. Ah, gratos placeres del voyeurismo. Esa chica quizás tenía 17 o 18 años. Bien, es todo por el momento, pues tengo más que contarte pero, en otra entrega, ¿sale?
La respuesta:
Señor Don *****:
Encuentro que pasar al lado de aquellas jóvenes, oler su cabello recién lavado, es algo de lo cual no podría privarme; que imaginar el peso de sus tobillos es un goce mayor a tenerlo ahí, cuando toda antelación se ha resuelto ¿Es que habremos de procurar tan sólo la espera, es que sólo alimentaremos cierto deseo? ¿Podremos nombrar lo que deseamos? Todavía, ¿habrá fortuna y gracia en tal lance? Que no fatigue nuestras barcas el Leteo, tal es mi pedimento. Que nuestro deseo se resuelva con encanto y donosura, que podamos, amigo mío, pronunciar con plenitud el conjuro, que haya salvación para nosotros.
Francisco.
xviii

Versión definitiva (junio de 2009):
No tejas más tu cabellera, que no insistan tus manos. No quedará nada de nosotros. Has cerrado nuestros labios, no pronunciaré de nuevo tu nombre. Qué fue de aquella tarde, del mar que todo lo devora. Quién baila sin cabeza, quién es el tiempo de la ausencia. Ya no pronuncio tu nombre, mi Salomé, hermana primera del cuerpo.
Entrada original (agosto de 2005):
: todo bien, mi Salomé de cáncer en el colon, mi bestezuela. no tejas más la indolente cabellera, no insistan tus manos. queda mi boca, la que cantó algún día con hastío. queda la palabra que decimos, somos, aquel tu andar ligero. no te olvides de cerrar aquellos labios. no sin decir al oído tres veces tres una cifra, la espera de una tarde, de un mar que todo lo devora. todo eso que llamamos adiós, que nos llenamos. has de saber, hermana mía, que he guardado los efectos para cortar también lo tuyo, para bailar sin cabeza tres veces tres lo que llamamos lo mismo, lo propio, lo todo tiempo ausente. sabrás todo bien, muy bien mi Salomé, hermana primera del cuerpo.
miércoles, agosto 17, 2005
xvii

Los motivos, en todo caso, no son importantes.
xvi
Intervalo / Intervalo / Intervalo
La acumulación como procedimiento:
El segundo movimiento de las negras es P4R; contragambito Alvin, le llaman, pobre e ineficaz contra el tercer movimiento de las blancas. Habría que preguntar, pero los procesos son rápidos, mecánicos, con poco margen para la mano que insiste, pobremente, en abrir el torax, escudriñar las entrañas. ¿Insistirá en el contragambito? El mismo jugador tira de nuevo / Same player shoots again: la misma toma en distintas tonalidades, un hombre empuñando un arma, la cámara en paralelo, un hombre con sombrero, TILT, una ventana. El filo destroza el hueso, lo corta. No hay señal de infección.
xv: Manuel de Sumaya: Misa A5 y Misa A8
En el campo de la música teatral, M. S. compone la música para La Parénope, texto de Silvio Stampiglia. Puesta en escena el primero de mayo de 1711, en el palacio virreinal, teniendo por motivo el nacimiento del príncipe heredero Luis, el 25 de agosto de 1707 en Madrid. Considerado desde los trece años como prodigio, gana en 1694 una subvención del cabildo metropolitano para estudiar ejecución con José de Ydiáquez, organista catedralicio, y composición con Antonio de Salazar. Habiendo contado a lo largo de su vida con la protección de benefactores importantes, M. S. muere en Oaxaca, el 5 de Octubre de 1754, después de nueve años de maestro en la capilla de la Catedral.
La Misa A5 está escrita para un coro mixto y un tenor solista, el cual establece un diálogo antifonal con el coro; es decir, el coro le contesta al solista. Destacan los cambios de velocidad en un mismo movimiento. La Misa A8, por su parte, está escrita para un doble coro y cuerdas, incluyendo a una soprano solista. A diferencia de la Misa A5, hay partes para una sola voz y otras en que la misma se incorpora como una quinta parte del coro (los coros conservan el llamado diálogo antifonal) La resulta, el coro I es de 5 voces y el coro II de cuatro, dando una polifonía de nueve voces, que habla de la complejidad de la obra. Hay, además, solos para contralto, tenor, y soprano segunda. Destaca la tonalidad, lo atractivo del “color”.
lunes, agosto 15, 2005
xiii
Primera versión (15 agosto de 2005):
: para que muerto uno arranquen la piel, la pongan a la vista de los que aquí han de quedar (sería delicioso saber cómo, con qué manos tocarían) para que muerto uno arranquen los miembros, para que el filo no abandone mi cuerpo. quisiera supieras todo esto, mujer, antes de conocernos. para que sepas no hay indiferencia cuando te hablo de cualquier cosa. que hay todo de estremeciemiento cuando cruzamos la mirada, que hay todo de violencia cuando estrechamos la mano, cuando me inclino para besar tu mejilla. de tu cuerpo haré lo que no puedo hacer ahora. para que el filo se quede en nuestros cuerpos. para que no haya peso en aquellas caricias.
domingo, agosto 14, 2005
xii

También ella me creyó todo (casi todo).
La primera vez que nos reunimos, por ejemplo, le dije que la amaba: ella no lo dudó ni por un momento.
Recuerdo que me miró a los ojos: sólo encontró amor, amor del bueno, del que dura para siempre.
En general, con ella bastaba acentuar cierta torpeza para que creyera que era la primera en todo (casi todo)
A los 15 minutos hacía lo que suelen hacer las enamoradas: canturreaba en mi oído cualquier cosa.
Aquello duró dos meses.
sábado, agosto 13, 2005
xi. Marina Tsvetáieva

Me abrí las venas sin parar,
irreprimible, brota la vida.
Poned recipientes:
encontrarán un vaso
lo bastante hondo.
Rebasará el borde,
fluirá hacia afuera:
a la negra tierra,
a nutrir la hierba.
Irreversible, incontenible,
irrestituible
el verso brota. (1)
En Breve noticia de Marina Tsvetáieva, versión de Tatiana Rubnova. Revista Biblioteca de México, Núm. 9 / Mayo-Junio de 1992. p. 17
x.
Porque lo cierto es que no puedo dejar de pensar en ella, en lo bien que se ha de sentir caminar a su lado; sostener su mano; besar su rostro con ternura.
viernes, agosto 12, 2005
ix. Villon

RONDEAU
MUERTE, protesto tu rigor,
pues me han robado a mi querida
y no te sientes aún tranquila,
si no me dejas en langor.
Pues no hubo fuerza ni vigor,
¿en qué te pudo herir su vida,
Muerte?
Un corazón fuimos los dos;
si ha muerto, el fin es ya mi guía;
o bien que viva yo sin vida,
como una estatua, sin razón.
¡Muerte! (1)
1. Francois Villon. Poemas. Trad. de Mercedes Lloret. Plaza & Janes, S.A., Editores. Barcelona, 1977. p. 109. ISBN: 84-01-81029-9
*
Fotografía:
Castillo, Rafael
[Cadáver de niña muerta sobre podio]. – [Lima : Rafael Castillo, 187-?].
1 placa de vidrio en colodión; negativo : 10 x 12 cm.
Colección Biblioteca Nacional del Perú.
viii. Pirrónica

El epigrama de Juliano presenta el diálogo entre él (a) y el escéptico (b):
EN DEFENSA DE PIRRÓN
de espantos, no de dudas.
Contra Pirrón dijiste:
No sabía el escéptico
si estaba vivo o muerto.
La muerte lo sabía.
Y tú, ¿cómo sabes?(1)
1. Paz, Octavio. Obra Poética (1935-1988), Seix Barral, Barcelona: 1990, p. 677
miércoles, agosto 10, 2005
vii
collar, una bolsa de piel
Por eso los zapatos
negros, las piernas blancas sin rasurar.
Por eso, porque hay que
evitar que se arranque trozos de piel.
A veces su mirada
se cruza con la mía: eso es todo
si dice poco y nada,
si descalza los pies, los amarillos.
Por eso, porque hay qué,
acariciando el cómo.
Entrada original:
Por eso los zapatos / negros, las piernas blancas sin rasurar. / Por eso, porque hay que / evitar que se arranque trozos de piel. // Y a veces su mirada / se cruza con la mía, y eso es todo. // Por eso mismo, porque hay que.
vi. Maurice Blanchot
El mundo de los amantes, en La comunidad inconfesable. Trad. David Huerta. Editorial Vuelta. México: 1992. ISBN: 968-6229-61-2
Frente al espacio social ("el pueblo"), hay cierta asociación a modo de opuesto; el espacio que forman los amigos y la pareja. Entre uno y otro, un "abismo" ("que ninguna superchería retórica puede suprimir"). Asociación que, señala Blanchot, tiene carácter de ajena y antisocial. Dicha oposición está planteada de modo sencillo. Lo uno, el pueblo, como una "árida soledad" (Régis Debray), frente a lo otro, aquel espacio de intimidad: el "mundo verdadero de los amantes" (que supone al mismo tiempo un olvido del mundo). Antagonismo entre la "sociedad ordinaria" y el "tenue relajamiento del vínculo social" (Bataille)
Transcripción de la última parte del texto:
(...) afirmación de una relación tan singular entre los seres que el amor mismo ya no le es necesario, pues éste, que por lo demás no es nunca seguro, puede imponer su exigencia en un círculo donde su obsesión llega incluso a tomar la forma de la imposibilidad de amar. Es decir, el tormento no sentido, incierto, de los que, habiendo perdido "la inteligencia del amor" (Dante), quieren sin embargo, todavía, tender hacia los únicos seres a los que no podrían acercarse con ninguna pasión viva.
martes, agosto 09, 2005
v
Entra en la iglesia y repite para sí la misma plegaria.
Recuerda cierto cuadro: San Pedro mártir curando la pierna de un muchacho. Lo ha mencionada antes, en un blog donde ya no escribe.
La iglesia se llena de murmullos de palomas. El murmullo es tal que la plegaria, la propia, se vuelve un canturreo del cuerpo, un pliegue del mismo que ronza y lastima.
Martirio del cuerpo por el cuerpo. Pero no hay revelación.
Texto original de la entrada:
Vivarini: nombre de una familia de pintores venecianos cuyos principales miembros fueron: Antonio (m. 1480?), uno de los mejores dibujantes de su época; Bartolomeo (m. 1499?), hermano y discípulo de antonio, y Alvise (1446?-1503?), hijo de Antonio y discípulo de Bartolomeo.
lunes, agosto 08, 2005
iv. Sumisión femenina (1)
La hice caminar en cuatro patas hasta el cuarto de baño, hasta la regadera. La estimulaba con rudeza, sin escuchar sus súplicas.
Le dije lo que esperaba que sucediera, paso a paso.
—No puedo hacerlo —y al decirlo, desesperada y jadeando, intentaba contener el sonido de sus tripas—.
Disfruté de su sentido del decoro, de su rostro ruborizado, a pesar de la total impudicia.
iii
Y has llegado a ser
quien jamás conocí:
palpita en un país
de fuentes, por doquier
tu corazón; ni boca
bebe allí ni forma orla
la sombra: agua rezuma
cual agua, y subes fuentes,
te ciernes por los brillos,
creó un juego tu mente,
que demanda el olvido.